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¿Por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos. Por Gema Valenzuela

¿Por qué unas algunas personas, bajo parecidas circunstancias muy adversas, salen adelante y otras no? ¿Qué hay detrás de un adulto saludable a pesar de haber pasado situaciones traumáticas en su infancia?

Resiliencia

Desde la psicología tradicional se ha estudiado con más frecuencia la enfermedad del ser humano, sus causas, síntomas y tratamiento. Sin embargo, en los últimos años, está cobrando mucha fuerza el estudio de la otra cara de la moneda, es decir, el crecimiento a pesar de las circunstancias, la salud emocional y capacidad de superación.

El término resiliencia, procede del latín, de la palabra «resilio», que significa volver de un salto, resaltar, rebotar. Si miramos los diccionarios, veremos que el concepto viene de la física, definiéndose como “capacidad de un material para recuperar su estado inicial después de un golpe”.

Todos en algún momento podemos vernos afectados por sucesos dolorosos y más o menos traumáticos, como la muerte de un ser querido, un despido, divorcio o enfermedad. En estos momentos se pone a prueba nuestra capacidad de superación cuando, después del sufrimiento natural que conlleva este tipo de situaciones, nos levantamos y seguimos adelante o nos hundimos y empezamos a pensar cosas como “todo me pasa a mí” “no tolero que el mundo sea tan injusto” etc. La persona resiliente toma el primer camino. Además de curarse la herida, estas personas sufren una transformación que les vuelve más fuertes aún que antes del suceso doloroso.

Las investigaciones revelan que hay más personas resilientes de lo que podríamos pensar. Quizá tú seas una de ellas y aún no lo sabes. Veamos algunas características relacionadas con la resiliencia:

–          Locus de control interno: Este concepto se refiere a la sensación de que formo parte de lo que ocurre a mi alrededor para ponerlo a mi favor. Las cosas no dependen del azar ni de la mala o buena suerte si no de mí mismo. Las personas resilientes piensan que pueden cambiar las cosas para que les vaya mejor.

–          Percepción de apoyo social y ser querido: No es tan importante el número de gente que tengamos a nuestro lado sino la sensación de cariño y apoyo con la que vivamos nuestras amistades.  Las personas resilientes mantienen relaciones saludables con los demás.

–          Confianza: Confiar en tu potencial y ser consciente de tus limitaciones es fundamental para sobreponerte a situaciones difíciles, para aprender (no castigar) si hemos hecho algo mal y también poder premiarnos por los logros conseguidos o el esfuerzo realizado en el camino.

–          Capacidad de adaptarse a los cambios: Las personas resilientes mantienen la capacidad de adaptarse a lo que ocurre a su alrededor. A pesar de tener las ideas claras sobre lo que quieren y lo que son, pueden flexibilizar sus metas y ver el cambio como una oportunidad de crecimiento.

–          Gratitud: Existen numerosos estudios que relacionan la fortaleza de la gratitud, con salud mental y felicidad. Poder dar las gracias sin necesidad de que ocurran hechos extraordinarios, tiene grandes beneficios psicológicos y físicos. Las personas resilientes mantienen una actitud ante la vida positiva y tienen la capacidad de agradecer pequeños detalles.

 Aunque hay algunas variables relacionadas con la resiliencia con poco margen de cambio, como la inteligencia o tener un temperamento tranquilo, es decir, tener “buen carácter”, esta capacidad la podemos poner en práctica y desarrollarla. Recuerda que las personas resilientes no nacen, se hacen y por tanto cada día tienes una nueva oportunidad para sobreponerte a la vida.

voluntad.

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Gema Valenzuela

Psicóloga Sanitaria

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