Taller “Acompañamiento emocional a los padres que han perdido un hijo” en la Asociación Talitha de Albacete

El pasado viernes se ha desarrolló el Taller “Acompañamiento emocional a los padres que han perdido un hijo”, impartido por D. Vicente Prieto Cabras, Director de Clínica del Centro de Psicología Álava Reyes. 

Ha tenido lugar en el Palacio de la Diputación de Albacete y una duración de 8 horas. Han recibido las enseñanzas de este experto  17 Voluntarias de Talitha (Grupos de Acogida) 14 Psicólogos, 1 Médico y 1 Profesora PTSC.

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El Duelo, ese proceso por el que todos pasamos en algún momento de la vida pero que nunca tenemos del todo claro. Por David Lanzas

Querido lector, hoy vamos a hablar del Duelo, ese proceso por el que todos pasamos en algún momento de la vida pero que a veces, por poca información o por exceso de ella (es un tema bastante mitificado en series y películas), no tenemos del todo claro.

duelo

¿Qué me está pasando?

El duelo es una respuesta normal y saludable a una pérdida. Es un proceso que describe las emociones que sientes cuando pierdes a alguien o algo importante para ti. A lo largo de la vida son muchas las situaciones que pueden desencadenar el inicio de un duelo, incluidas los siguientes:

  • La muerte de un ser querido, incluidas las mascotas.
  • El divorcio o cambios en las relaciones, incluidas las amistades.
  • Cambios en su salud o en la salud de un ser querido.
  • Pérdida de un trabajo o cambios en la estabilidad económica.
  • Cambios en la forma de vida, como los que ocurren durante la jubilación o cuando te mudas a un lugar nuevo.

¿Cuáles son las etapas del duelo?

Para lograr elaborar el duelo la mayoría de las personas tienen que atravesar 5 etapas. Dichas etapas fueron descritas por Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que identificó las distintas fases por las que pasaban las personas a las que se les había diagnosticado una enfermedad terminal. Actualmente sabemos que estas etapas son comunes para todos los procesos de duelo:

Negación: Esto no está sucediendo. No a mí”. La negación un mecanismo de defensa que las personas utilizamos para protegernos del shock emocional que nos produce una noticia o situación muy dolorosa, dándonos tiempo para ir asimilando nuestra nueva situación sin derrumbarnos en ese mismo instante.

Ira: “¿Por qué está sucediendo? ¿Quién tiene la culpa?”. Cuando somos conscientes de lo que ha ocurrido y del daño que esto nos hace necesitamos encontrar un “culpable”, alguien con quien poder descargar nuestra ira y responsabilizar de todos los acontecimientos. Esto es necesario para que podamos seguir manteniendo la ilusión de que el mundo es un lugar justo . Al culpabilizar a alguien o a algo entendemos que lo que ha ocurrido es consecuencia directa de una acción concreta, haciéndonos sentir mas seguros ya que de lo contrario nos encontraríamos indefensos al ver que cualquier cosa puede ocurrirnos de manera impredecible.

Negociación: Haré un cambio en mi vida solo si con ello puedo lograr que esto no me suceda”. Intentamos por todos los medios cambiar lo ocurrido, negociando con el médico, el jefe, o con Dios para revertir la situación. Esta etapa suele ser la antesala de la depresión ya que cuando gastamos nuestras energías y, tras negociar, vemos que lo que ocurre escapa a nuestro control nos venimos abajo.

Depresión: Ya no me importa”. Atrás quedan todos los intentos por buscar a un responsable o por intentar invertir lo ocurrido, nos quedamos sin fuerzas y nos abandonamos. Dejamos de hacer aquello que antes nos gustaba, perdemos motivaciones y rompemos a llorar. Por muy dramática que parezca esta etapa es del todo necesaria para sanar el dolor ya que si no nos permitimos sentir y expresar tristeza por la perdida, el dolor se quedará dentro y el duelo se puede cronificar. Es importante ir dejando salir todo ese sufrimiento que hasta ahora hemos intentado evitar encarar con las anteriores etapas.

Aceptación: Estoy en paz con lo que está sucediendo”. La aceptación es la calma tras la tempestad, viene cuando ya hemos logrado expresar todo ese cúmulo de emociones y hemos encontrado un sitio para reubicar a esa persona o situación en nuestra historia de vida para poder seguir adelante.

Todos estas etapas y los sentimientos que provocan son normales. Sin embargo, no todas las personas que están atravesando un duelo experimentan todas estas emociones. Y no todas las personas experimentan estas emociones en el mismo orden. También es común volver a pasar por alguna de estas etapas más de una vez. El duelo puede incluir muchas otras emociones e, incluso, síntomas físicos como insomnio, problemas intestinales, etc.

¿Qué síntomas concretos puedo tener en un duelo?

La variabilidad de la sintomatología es grande ya que depende de muchos factores como el tipo de perdida (no es lo mismo perder un trabajo que un familiar), las circunstancias de dicha perdida (una muerte esperada tras un cáncer frente a un accidente de coche), la red de apoyo social (manejar un despido con amigos y familia frente a hacerlo solo), la edad (perder a tu madre cuando tienes 5 años frente a perderla cuando tienes 55), etc.

Los más comunes son los siguientes:

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No hay una forma “adecuada” de hacer el duelo. Cada persona es diferente. Tomate un tiempo para experimentar tu pérdida a tu manera, pero recuerde cuidarte:

  • Habla de cómo te siente con otras personas.
  • Intenta mantenerte al día con tus tareas diarias, así no te sentirás abrumado.
  • Duerme bastante, sigue una dieta bien equilibrada y haz ejercicio regularmente.
  • Evita el alcohol. El alcohol puede hacerte sentir más deprimido.
  • Vuelve a tu rutina normal tan pronto como puedas.
  • Evita tomar decisiones importantes de inmediato.
  • Permítete llorar, sentirte aturdido, enfadarte o sentirte del modo en que te sientas.
  • Pide ayuda si la necesitas.

¿Cuánto dura el duelo?

Nuevamente la duración varía de un caso a otro pero probablemente comenzaras a sentirte mejor dentro de las 6 – 8 semanas. El proceso completo puede durar entre 6 meses y 4 años. Si sientes que tienes problemas para manejar tus emociones, pide ayuda.

¿Cómo distingo la diferencia entre el duelo normal y la depresión?

Los síntomas del duelo y los síntomas de la depresión son bastante similares. Si bien es normal sentirse triste después de una pérdida, los sentimientos asociados con el duelo deberían ser temporales. Si no comienzas a sentirte mejor con el transcurso del tiempo, si tus sentimientos comienzan a perturbar tu vida diaria o si está comenzando a pensar en hacerte daño o en hacer daño a otras personas, habla con un especialista. Estos pueden ser signos de depresión. El psicólogo puede ayudarte a tratar la depresión, de manera que puedas comenzar a sentirse mejor.

¿Cómo sé que estoy elaborando bien mi duelo?

Es posible que comiences a sentirte mejor poco a poco. Por ejemplo, que te resulte un poco más fácil levantarte por la mañana o quizás tengas pequeñas ráfagas de energía. Este es el momento en el que comienzas a organizar tu vida reubicando tu pérdida. Durante un tiempo, es posible que sientas que estas atravesando una serie de altibajos, encontrándote mejor un día, pero peor al día siguiente. Esto es normal.

A la larga, comenzaras a reinvertir en otras relaciones y actividades. No te preocupes si esto te ocasiona sentimientos encontrados, es normal que te sientas culpable o desleal hacia tu ser querido por estar avanzando hacia nuevas relaciones. También es normal revivir algunos de los síntomas del duelo durante los cumpleaños, los aniversarios, las fiestas y otras épocas especiales.

Puedes perder y perderás. Perderás seres queridos. Perderás relaciones importantes. Y, desde luego, perderás salud.

Así que llora, tropieza, levántate, vuelve a tropezar y vuelve a levantarte.

VIVE.
No te pierdas TÚ.

david-lanzasDavid Lanzas Fernández-Martos

Psicólogo Sanitario

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dlanzas@fundacionalavareyes.com

Fundación María Jesús Álava Reyes: 91 083 77 81

El proceso de duelo en los niños. Por Sara Ríos

Duelo niñosLa muerte es algo que a todos nos inquieta y nos angustia, y solemos evitarlo hasta que no queda más remedio que enfrentarse a lo “inevitable”. Por este motivo, no queremos hacer partícipes a los niños de lo que esto significa, pensamos que si no les contamos nada sobre este hecho, estarán protegidos y crecerán felices y sin preocupaciones. Como padres y adultos, nos sentimos en el deber de protegerlos y hacerles la vida mucho más cómoda y fácil sin que sufran en ningún momento.

Sin embargo, nos guste o no, la muerte forma parte de la vida. Los niños conocen de alguna manera la existencia de este acontecimiento y se hacen preguntas sobre ello. Por lo que si nadie les explica nada o lo hacen de manera confusa, ellos mismos se forman sus propias teorías sobre el hecho de morir que pueden resultar mucho más angustiosas para ellos de lo que significa en realidad la propia muerte. Ésta es dolorosa, pero lo es más que sus pensamientos erróneos sobre ella lo aterroricen.

Por tanto, como adultos, debemos enseñar a los niños a construir correctamente su propia idea sobre la muerte. Es necesario decirles la verdad de lo ocurrido adaptándolo a su lenguaje y su capacidad cognitiva, resolver las dudas que tengan y ayudarles a expresar sus emociones.

Una vez que ya le hemos explicado lo sucedido, comienza lo que se conoce como el duelo, un proceso emocional y normal por el que pasan las personas cuando han sufrido la pérdida de un ser querido. Los niños y adolescentes, aunque muchos adultos no lo crean, también llevan a cabo este proceso ya que son capaces de darse cuenta de los cambios que suceden a su alrededor tras la muerte de una persona significativa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que su manera de elaborar el duelo es distinta a la que hacen los adultos.

  • Los niños necesitan la presencia de los adultos en estos momentos ya que todavía no tienen desarrollados totalmente los mecanismos internos para hacer frente a esto y precisan de ayuda externa para sentirse mejor y más seguros.
  • El adulto debe enseñarle cómo expresar sus emociones dejándole que expresen su dolor y tristeza. Hay que tener en cuenta que los niños suelen expresar sus emociones a través del cuerpo más que con la palabra (somatizaciones, cambios en la conducta, etc.)
  • El estado de ánimo del niño es más cambiante que el del adulto, lo cual hace que pasen rápidamente de estar tristes a dedicarse a otras actividades como jugar, ver la televisión, etc. Esto es un comportamiento normal en un niño en duelo.

Por tanto, es importante tener claro las claves básicas para ayudar a los niños y adolescentes en duelo:

  • Cuando un adulto tiene que ayudar a un niño a superar un duelo, es necesario que el propio adulto disponga de ayuda para poder llevar a cabo esta tarea de la manera correcta.
  • Arropar al menor y ofrecerle compañía familiar en todo momento.
  • Informar al colegio de lo ocurrido para que lo tengan en cuenta.
  • Es muy importante reestablecer el día a día del menor, seguir con la rutina para que sienta que su vida no se desmorona y que sigue sintiéndose atendido.
  • Ayudarle para que exprese sus emociones y resolver sus dudas diciéndole siempre la verdad adaptada a su momento evolutivo, siendo el adulto un modelo para él.

Si tienes alguna duda sobre cómo abordar el duelo con tu hijo o si ves que éste no es capaz de afrontarlo correctamente, no dudes en contactar con nosotros y te ayudaremos en lo que necesites.

Sara Ríos GilSara Ríos Gil

Psicóloga Sanitaria

Fundación María Jesús Álava Reyes

91 083 77 81

srios@fundacionalavareyes.com

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¿Feliz Navidad? Vivir el duelo por la silla vacía. Por Gema Valenzuela

Cuando la Navidad y el Año Nuevo se acercan, las luces gobiernan las calles y aparecen en las casas nuevos elementos decorativos implorando atención. Millones de niños y familias comparten la ilusión de celebrar esta época del año de forma distinta según el lugar del mundo en el que se encuentren. Cuando la Navidad y el Año Nuevo se acercan, ocurren otras cosas más silenciosas e íntimas, pues suceden dentro del corazón. Millones de niños y familias de todo el mundo, también comparten el sentimiento de vacío que queda en nosotros cuando perdemos a una persona que queremos.

Las Navidades, más allá de las comilonas y los regalos, invitan a que nos reencontremos con familiares y amigos. Por eso son momentos duros cuando nos falta alguno de ellos. Celebrar una “Feliz Navidad” es complicado cuando tenemos una silla vacía en nuestra mesa y todo lo que rodea estas fechas y antes era una alegría, tras perder a alguien querido puede ser un suplicio.

Veamos que situaciones y sentimientos pueden darse y cómo podemos afrontarlos:

  1. El dolor es parte de lo que nos hace humanos: Lo primero que hay que tener muy en cuenta y a veces parecemos olvidar, es aceptar que debemos convivir con el dolor y tomarlo como parte de la propia vida y situación por la que pasamos. Llegará el momento en el que puedas modular su intensidad. Hasta entonces respeta lo que sientes. Asumir este punto desde el cuidado a nosotros mismos nos lo hará un poco más fácil.
  2. Las primeras Navidades: El primer cumpleaños sin él o sin ella, las primeras vacaciones, el primer aniversario y por supuesto, las primeras Navidades, son las fechas más duras. Si el calendario te juega una mala pasada perdiendo a alguien a pocas semanas de Nochebuena, lo único que puedes hacer es pasarlo. Rodéate de gente con la que te sientas a gusto y deja salir la tristeza al hilo de lo que hablaba en el punto anterior.
  3. Sentimiento de culpa: Celebrar la Navidad con una sonrisa cuando esa persona ya no está puede hacernos caer en la culpa. Recuerda que no por celebrarlo, reírte y disfrutar de los regalos, olvidas a la persona. Puedes recordar a alguien y tenerlo en tu corazón disfrutando de quien sigue a tu lado.
  4. El entorno navideño: Aceptar lo que sentimos, pasa por comprender qué nos ocurre. Es normal que en estas fechas, bombardeadas en los medios por anuncios de reencuentros, reuniones de amigos y ese “tener que estar felices” continuamente, nos supongan un gran coste emocional y sentimientos contradictorios con los que no es fácil lidiar. Es muy habitual durante el duelo tener picos y que en Navidades tengamos momentos especialmente bajos.
  5. Continúa con el encuentro: Aunque cada circunstancia, persona y por lo tanto duelo, es diferente, es recomendable no eliminar las reuniones previstas y habituales. En estas situaciones como en otras de la vida, el apoyo y cariño recibido, es fundamental para superar situaciones difíciles.
  6. Cómo hablar a los niños: No disfraces la realidad con palabras que al final les van a confundir más. Permite que pregunten y responde de manera clara adaptando el lenguaje a su edad.
  7. Recuerda a la persona: Juntarnos con otros familiares o amigos puede convertirse en un improvisado y merecido homenaje a la persona que no está. Brindar por él o por ella, recordar alguna anécdota divertida y compartir aquello que os unía puede resultar muy gratificante. Si pensamos cómo deseamos ser recordados y “vividos” después de pasar por este mundo, seguramente sea de una forma parecida a esta.

Recuerda que el duelo es un proceso duradero por la pérdida de alguien querido que requiere adaptarnos a una situación nueva y por tanto lleva tiempo. Tener altibajos y pasar de la negación de la muerte a la tristeza profunda y la rabia, es algo normal. Si pasados uno o dos años no logras retomar tu vida, tienes sentimientos de culpa, no logras aceptar la muerte de la persona querida o te sientes desesperanzado, puede que necesites ayuda profesional para terminar de cerrar una herida que no ha sido curada.

Gema ValenzuelaSi es tu caso y deseas recibir más información, en la Fundación María Jesús Álava Reyes encontraras la ayuda que necesitas.

Gema Valenzuela

Psicóloga Sanitaria

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