¿Será envidia…? por Paula Hernández

envidiaCristina ha estudiado publicidad y terminó la carrera hace dos años. Con frecuencia queda con sus amigas de la universidad y se van poniendo al día de sus progresos profesionales. La última vez que lo hicieron, su amiga Julia les contó que había encontrado empleo en una importante multinacional que se dedica a publicidad. Mientras lo contaba, Cristina no sintió ningún tipo de alegría, sonreía pero a la vez pensaba “¡Qué envidia! No me puedo creer que a ella le hayan contratado y a mí no, cuando mis notas siempre eran mejores”

Hoy Jaime ha bajado a desayunar con su compañero de trabajo Alberto. Mientras tomaban un café, Alberto le anuncia que ha recibido la gran noticia de que va a ser ascendido. Jaime le comenta que se alegra muchísimo por él aunque siente un poco de “envidia sana”.

Carlos y Diana son pareja desde hace 5 años. El año pasado se casaron y desde entonces buscan un bebé. Han recibido la llamada de unos primos de Carlos para anunciar que van a ser padres. Cuando Carlos cuelga el teléfono, Diana preocupada pregunta qué ocurre y Carlos le cuenta la noticia que le acaban de dar. Ambos conversan sobre lo injustas que son las cosas y la envidia que sienten hacia sus familiares.

Experimentar situaciones como las comentadas con anterioridad es algo frecuente y por las que todo el mundo pasa en algún momento. Desde pequeñitos, aparecen situaciones como estas, un niño tiene el juguete que yo quiero o mis padres no me dejan tener un perrito como el de mi amiguita. Conforme vamos creciendo, van apareciendo otras que también nos generan malestar. Lo que tienen en común todos estos casos es que detrás de ello se esconde la ENVIDIA.

La envidia es universal y en menor o mayor medida nos hace sufrir, puesto que al darnos cuenta de que el otro tiene algo que quiero (ya sea un rasgo deseable de belleza o inteligencia, éxito o popularidad, bienes materiales, etc.) me genera frustración. Se trata de una emoción, es decir, un estado afectivo que experimentamos y que va acompañada de ciertos cambios orgánicos, influidos por la experiencia.

Es importante distinguir la envidia de los celos, ya que en el caso de los celos por lo general están involucradas tres personas y la persona afectada por los celos está respondiendo a lo que percibe como una amenaza que un tercero representa para una relación que considera valiosa.

En cuanto a las diferencias entre la envidia y la envidia sana, tenemos que dejar de engañarnos y darnos cuenta de que NO existe tal diferencia, es la forma “bonita” de llamar a la envidia.

Cómo hace frente a la envidiaenvidia

  1. Cuando te compares con otro, hazlo en todas las áreas de tu vida. Tendemos a compararnos en aquellos aspectos que consideramos que se encuentran dañados, pero ¿y el resto? ¿Es posible que a la amiga de Cristina que acaba de ser contratada en una gran empresa le vaya muchísimo mejor que a ella en todos los ámbitos de su vida? ¿O que Alberto no tenga problemas en otras áreas? ¿Puede que los primos de Carlos no se enfrenten a otras dificultades en sus vidas?
  2. Cambia la forma de ver las cosas. Cuando nos dejamos guiar por emociones negativas como la envidia, nos sentimos mal, pero ¿y si nos alegramos por los demás? Sentir una emoción positiva, nos hará estar mejor. En estas situaciones pues darte mensajes como “ No te dejes llevar por la envidia, si para la otra persona es positivo, me alegraré por ella”.
  3. Aprende a relativizar. Dibuja una escalera y ves colocando las siguientes palabras en los diferentes peldaños: en el primer “neutro”, en el segundo “molesto”, en el tercero “desagradable”, en el cuarto “horrible”, y en el último “terminal”. Ahora sitúa la situación por la que has sentido envidia en uno de estos escalones, ¿realmente es tan relevante como pensabas en un inicio?
  4. Reflexiona sobre el tema que ha causado la envidia. Entre las funciones de las emociones se encuentra que son una señal para nosotros mismos, que nos preparan para la acción y que evalúan si las cosas nos van bien. Coge un papel y un lápiz y dedica tiempo a esta tarea.
  5. Ahora que ya has reflexionado ¿realmente quieres lo que la otra persona tiene o esto ya no es tan importante para ti? Si lo sigue siendo, pasa al punto 5, si ya no lo es, aprende de la situación que has vivido para enfrentarte en un futuro a otras similares que puedan aparecer.
  6. Manos a la obra. Quizás sea el momento de pasar a la acción, antes de ello vamos a evaluar qué necesitamos y qué nos falta para conseguir lo que queremos. ¿Lo tenemos claro? ¡Pues adelante!

 

Recuerda: A veces pasamos por momentos en nuestras vidas en los que superar determinadas situaciones puede costarnos más de lo que en un principio pensábamos, si estás en ese punto, ¡pide ayuda profesional! No dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Paula HernándezPaula Hernández García

Psicóloga Sanitaria

Fundación María Jesús Álava Reyes: 

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phernandez@fundacionalavareyes.com

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Mi hijo tiene muchos miedos… ¿Es normal? Por Gema Valenzuela

Carla tiene 5 años. Tiene miedo a las serpientes. Si ve una en la TV, se pone a llorar.

Carmen tiene 9 años, sus padres acuden a consulta porque tiene miedo de nadar en el mar donde no ve el fondo.

Sara, de 4 años de edad, tiene miedo a dormir a oscuras, si no tiene una pequeña luz, no puede dormir.

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El miedo es una emoción innata y fundamental para la supervivencia del ser humano. Tanto es así, que es completamente normal que distintos miedos vayan apareciendo según vamos creciendo. Los miedos de Carla, Carmen y Sara, aunque nos los encontramos en consulta porque vienen sus padres preocupados, son completamente normales para su edad.

Sin embargo, hay veces que el miedo deja de ser funcional y adaptativo y comienza a ser un verdadero suplicio para el niño y sus padres. En estos casos hablamos de fobias, es decir, miedo desproporcionado a una cosa o situación. A veces resulta algo complicado hacer la distinción entre el miedo normal y el patológico. Para hacer esta distinción debemos fijarnos en los siguientes aspectos:

  • Edad del niño.
  • Tipo de miedo o miedos que presenta.
  • Interferencia que supone en la vida diaria.
  • Duración de esta manifestación.

Veamos algunos ejemplos de miedos que deberíamos tener en cuenta:

  • María, 8 años. Miedo a dormir sola, se levanta para meterse en la cama de sus padres: Aunque muchos niños tienen miedo de dormir solos, no debemos permitir que duerman con nosotros de manera habitual.
  • Paloma, 10 años. Presenta mucho miedo a la oscuridad y fuertes pesadillas: Las pesadillas son habituales, pero si se repiten con frecuencia debemos consultar con un profesional y a los 10 años el miedo a la oscuridad suele haber disminuido mucho.
  • Elena, 9 años. Presenta miedo a montar en avión. Aunque lo ha podido hacer en el periodo vacacional con su familia, ha sido a costa de pasarlo muy mal: Hoy en día contamos con tratamientos eficaces para tratar esta fobia que con frecuencia pasamos por alto porque “no montamos en avión todos los días”. Sin embargo, las limitaciones y problemas que puede acarrear no superarla son muy grandes.

 Recuerda: El miedo es una emoción normal y debemos ser conscientes de los mitos que aún giran en torno a esta emoción tan importante, algunos ejemplos son: “Sentir miedo es de cobardes”, “El miedo es una opción”, “Si tienes miedo a perder, no mereces ganar…”. Estas creencias erróneas nos alejan de tener una visión adecuada y por tanto pueden confundirnos en relación a los miedos de nuestros hijos. Si tienes alguna duda en relación a este tema, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Gema ValenzuelaSi quieres realizar alguna consulta en relación a los miedos o a los niños, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Gema Valenzuela

Psicóloga Sanitaria

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Educar y favorecer el desarrollo a través del juego – Aroa Caminero en TodoPapás Loves Madrid

Os adjuntamos el vídeo de esta masterclass realizada por Aroa Caminero en la pasada edición de TodoPapás Loves Madrid y donde trata tres puntos fundamenteles

  • ¿Por qué el juego es una herramienta muy útil para la educación?
  • Principales hitos evolutivos de los niños
  • La creatividad al poder

No os lo perdáis!

Mª Jesús Álava en el diario ABC: «Se miente para caer bien, por piedad, para lograr objetivos, manipular…»

“La psicóloga María Jesús Álava Reyes acaba de publicar «La verdad de la mentira”

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17/11/2016 17:33h – Actualizado: 17/11/2016 22:22h.Guardado en: Vida sana

«La verdad de la mentira» es el libro que más le ha costado escribir a la psicóloga María Jesús Álava Reyes. Esta experta se inclinó por escribir sobre este tema al verlo continuamente tanto en consulta, como en los cursos de formación que imparten en su Centro de Psicología Álava Reyes. «Vivimos en una sociedad donde la mentira tiene cada vez más fuerza. Está en auge porque no hay consecuencia para los que mienten. Somos tremendamente tolerantes con ellos y esto hace que los mentirosos vayan avanzando y ganando más espacio en un mundo en el que se premia triunfar por medio de trampas», advierte.

—¿Cómo es el perfil de ese mentiroso casi patológico pero a la vez, exitoso?

—Responde a lo que nosotros llamamos la triada oscura. Es el narcisista, el egoísta, agresivo… Son aquellas personas que son un poco maquiavélicas, que persiguen sus objetivos sin importarles los medios, y que tienen una puntuación alta en psicopatía. Ojo, psicopatía entendida como que no le importa la otra persona. Son egoístas, hacen lo que quieren y se autorizan a realizar cualquier cosa. No se sienten mal cuando abusan o manipulan a otras. Son personas triunfadoras que abusan olímpicamente y encima se autojustifican la mentira.

—Algunas personas pueden pensar que mentir ayuda a conseguir determinados fines.

—Algunas personas pueden pensar que les resultará más fácil conseguir determinados fines si mienten, pero ese es un camino erróneo, que tarde o temprano se volverá en su contra. Porque cuando se descubre la mentira, la primera consecuencia directa es el deterioro de la credibilidad y de la confianza. Todos sabemos que la mentira daña o deteriora las relaciones.

—Si las mentiras están a la orden del día en nuestra sociedad, ¿quienes son las víctimas más habituales?

Los mentirosos abusan de la buena educación que por lo general tienen las personas, y suelen elegir bien a sus víctimas. Los manipuladores, los agresivos… no buscan a alguien como ellos. Escogen a una persona sensible, empática, afectiva, generosa… a la presa fácil, en definitiva.

—Pero de alguna forma la víctima de la mentira, ¿se da cuenta?

—Existe una dificultad intrínseca para detectar señales eficaces de mentira. La gente no suele descubrir al que miente, porque no está preparada para ello, pero en esta sociedad en la que vivimos, o entrenamos para detectar la mentira, o esta inundará nuestras vidas. Al mentiroso se le suele pillar por una contradicción entre lo que ha dicho y los hechos posteriores. ¿Pero qué ocurre aquí? Que incluso cuando lo descubrimos, nos suele resultar violento señalarlo, a pesar de estar viendo al otro crecido y tan campante. La cuestión es que cuando alguien miente debe tener consecuencias para no volver a hacerlo.

—Usted dice en su libro que la mentira está a la orden del día. ¿Qué mentiras son las que más duelen?

—Las mentiras que nos hacemos a nosotros mismos. Nos decimos: «parece mentira lo que me han hecho»… Responsabilizar a los demás de lo que nos pasa es también mentirnos a nosotros mismos, aunque es verdad que muchas personas no son conscientes de esto. Le siguen muy de cerca las que hacemos a los que más queremos: a nuestros hijos, a nuestra pareja… Cuando una persona ha conquistado tu intimidad, es tan sencillo mentirle… Son muchas las manipulaciones que se hacen en el ámbito de la pareja.

—La mentira es tan habitual que usted asegura que mentimos en una de cada cuatro interacciones sociales. ¿Qué motivos nos llevan a ello?

—Mentimos para caer bien, para impresionar, por inseguridad, por humanidad, por ayudar a alguien, para alcanzar objetivos… Lo cierto es que la mayoría de la gente lo hace para manipular… De hecho, desde la psicología sabemos que las mentiras son culpables de gran parte de nuestro sufrimiento.

—Pero la mentira, ¿no es a menudo imprescindible, para no herir a la otra persona?

—Hay pocas mentiras imprescindibles. Es mejor no manifestar o expresar lo que sientes.

—¿No es lo mismo?

—No. No es lo mismo que un amigo sea infiel a una amiga, y no lo digas, a que cuando te pregunten por esta infidelidad, mientas.

—¿Qué hay de las mentiras piadosas, tan aceptadas por nuestra sociedad?

—Sí, hay mentiras que pueden justificarse, incluso que son necesarias si, con ellas, lejos de provocar un daño, evitamos un dolor estéril y un sufrimiento inútil y prolongado, En las mentiras «altruistas» decimos que el emisor intenta «ayudar, favorecer o proteger los intereses de otras personas, o evitar alguna situación desagradable para los demás». Pongamos un ejemplo. Cuando la gente está en situación límite por una enfermedad, debes dar esperanza: «ya verás como puedes estar un poquito mejor», «disfruta de cada día», «intenta vivirlo con ánimo»…. En este caso, decir la verdad puede ser una crueldad. No se puede decir aquello que no se puede asimilar.

—¿Y a los niños?

—Si hay cosas que se les dan fatal, no se lo vas a decir así porque les puedes crear una inseguridad muy grande y repercutir en su vida presente y futura. En estas situaciones decir la verdad de nuevo es una crueldad. Lo recomendable sería poner el foco en lo que se les da bien.

—¿No hay, por tanto, mentira buena?

—Pocas. Muchas veces es mejor callarse, no expresar tus sentimientos. ¿Para qué, si con ello solo se logra un nivel de agresividad y crispación tremenda? ¿Qué se adelanta con eso?

17 de Noviembre: Presentación del libro La Verdad de la Mentira, de Mª Jesús Álava Reyes

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Intervendrán, junto a la autora, Antonio San José, director del canal Non Stop People, y Margarita Álvarez Pérez de Zabala, directora de Marketing y Comunicación del Grupo Adeco.   Jueves, 17 de noviembre de 2016, a las 19,30h horas en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid (c/ Prado, 21).

 

¿Niños poco motivados a la hora de estudiar? Pautas básicas para padres desesperados. Por Sara Ríos

Constantemente acuden a consulta padres desesperados porque no saben qué hacer para que sus hijos se pongan a estudiar y que aprovechen bien las horas de estudio. Comentan que tienen que estar siempre detrás de ellos y esta situación les supera.

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Por este motivo vamos a daros una serie de pautas para lograr que vuestros hijos tengan una mayor motivación a la hora de estudiar:

  • Para lograr una mayor motivación del niño hacia el estudio, debemos plantearle objetivos realistas y alcanzables. Debemos ser coherentes con sus capacidades y poco a poco, cuando los vaya cumpliendo, ir aumentándolos. Si ponemos objetivos inalcanzables, se va a ver incapaz de cumplirlos y no tendrá motivación por seguir pero si ve que puede conseguirlos, su motivación irá aumentando poco a poco. Además, esos objetivos, si se cumplen, deben de ir seguidos de consecuencias positivas para el niño como “Tienes 15 minutos más de Tablet”.
  • Los padres deben ser una guía y un apoyo para el niño pero no debemos hacer los deberes por él. Debemos enseñarles que los deberes y el estudio es una responsabilidad de ellos y, si no llevan las tareas hechas al día siguiente, las consecuencias son de ellos. Los padres vamos a estar ahí para resolverles cualquier duda que tengan o para preguntarles la lección, pero en el estudio deben aprender a ser autónomos.
  • Empezar el estudio con una frase o un mensaje positivo. “Voy a ser capaz”, “aunque no tenga ganas, debo ponerme ya así puedo descansar antes”,…
  • Importante que, dentro de lo posible, la hora a la que empieza a estudiar y la hora a la que termina sean la misma. De esta manera, se establece una rutina de estudio que le sirve al niño para mentalizarse y ponerse rápidamente sin quejas.
  • Reforzar los avances: no hay que olvidar que debemos reforzarle y animarle a en todo momento, haciéndoles ver que pueden hacerlo y que confiamos en ellos.
  • Evitar cualquier etiqueta negativa como: “eres un inútil, no vas a ser capaz”. Los niños aprenden y se motivan mejor si lo sustituimos por un “seguro que lo consigues, confío en ti”.

 

Estas son algunas pautas básicas, pero si en algún momento veis que la situación os desespera demasiado y no conseguís resultados, no dudéis en consultarnos y os ayudaremos a sobrellevarlo de la mejor manera, tanto a vosotros como a vuestro hijo.

Sara Ríos Gil

Sara Ríos Gil

Psicóloga Sanitaria

srios@fundacionalavareyes.com

Fundación María Jesús Álava Reyes

Tlfno: 91 083 77 81