¡¡HORROR!! Me toca hablar en público. Por Paula Hernández

Exponer en público “No voy a poder”, “Seguro que suspendo”, “Me voy a bloquear y a quedar en blanco”, “Van a notar que estoy nervioso”, “Esto es horrible, nunca me saldrá bien”, “Me acabarán despidiendo por esto”, “No conseguiré aprobar”.

Es posible que la mayoría de nosotros hayamos tenido pensamientos de este tipo al enfrentarnos a exponer de cara al público. Es bastante frecuente que esto ocurra, pero ¿eso significa que nos ayude? ¿se trata de una manera funcional de pensar? ¿conseguiremos mejorar nuestro rendimiento en dichas situaciones? La respuesta a todas estas preguntas las puedes encontrar a continuación.

Para saber cómo funciona la ansiedad en relación al rendimiento podemos imaginar una U invertida, de modo que niveles muy bajos o altos de activación no favorecen el rendimiento, pero siempre es necesario cierto nivel para llevar a cabo una tarea de manera exitosa. Por ejemplo, cierto nivel de ansiedad ante un examen es positivo, puesto que nos permite estar atentos y concentrarnos en la tarea a la que tenemos que enfrentarnos.

Ansiedad

¿Qué ocurre cuando tenemos que exponer de cara al público? De manera frecuente, se produce una sobreactivación que suele estar precedida por pensamientos que llevan a anticipar consecuencias horribles. ¿Cómo podemos superarlo? La mejor manera de superar este tipo de situaciones es enfrentándonos a ellas, puesto que así descubriremos que las consecuencias que tanto tememos no tienen por qué producirse. ¿Y si se produjesen? Por supuesto que cualquiera puede tener un mal día y que el resultado de su exposición no sea el esperado, pero eso no garantiza que en un futuro vuelva a suceder, de manera que tenemos que considerar que es una situación de la que podemos aprender de los posibles errores y mejorar para la próxima.

A continuación, te presentamos 10 aspectos relevantes a tener en cuenta a la hora de realizar una exposición:

  1. Prepara con tiempo y de manera organizada la presentación. Si decides emplear diapositivas, procura no incluir demasiada información y adaptar el formato a tu público.
  2. Incluye los aspectos que consideres más relevantes, escuchar también es cansado y requiere atención, por lo que puede que la audiencia termine desconectando.
  3. Detecta tus puntos fuertes y los débiles para poder trabajar sobre ellos.
  4. Práctica con frecuencia la exposición, a poder ser con diferente público para que puedan darte feedback sobre los aspectos positivos y aquellos que convendría mejorar.
  5. Plantea las posibles preguntas que podrían realizarte y cuáles serían las respuestas con las que te sentirías más cómodo.
  6. No olvides cuidar aspectos como el tono de voz, la expresión corporal y mirar a la audiencia.
  7. Práctica la respiración diafragmática durante unas semanas antes de la exposición y previo al momento de exponer. Entre los múltiples beneficios de este tipo de respiración se encuentra que es muy relajante y que actúa sobre el plexo solar liberando ansiedad (el “nudo en el estómago”).
  8. Recuerda alguna situación similar por la que hayas pasado, ¿todos esos pensamientos disfuncionales se convirtieron en realidad?, de ser así plantéate cuál es la probabilidad de que te vuelva a ocurrir y si tienes datos objetivos para pensar que todo ello se va a producir. Si esos pensamientos nunca se han convertido en realidad, si la probabilidad de que ocurran es baja y si no tienes datos objetivos que los apoyen, ¿es práctico pensar de este modo? Quizás te interese modificar este tipo de pensamientos y buscar otros alternativos y menos dañinos.
  9. Utiliza autoinstrucciones, es decir, cuida la manera de hablarte y mándate mensajes positivos (o al menos neutros) antes, durante y después. Un ejemplo de estos mensajes podría ser: antes “Puedo hacerlo, he trabajado mucho sobre el tema y me lo sé a la perfección”; durante “Lo estás haciendo fenomenal, mucho ánimo”; después “¡Muy bien! Te has enfrentado a la situación”.
  10. Tras la exposición es momento de reflexionar sobre lo que has hecho bien y aprender de los errores cometidos, seguro que a la próxima lo tienes dominado. No confundas este punto con pensar que podrías haber hecho y no has hecho, esto ahora no te va a ayudar y posiblemente te haga sentir peor.

Ahora sólo queda enfrentarte a la exposición! ¡Recuerda que la mejor manera de superar un miedo es exponiéndote a él!

¡ÁNIMO! Y recuerda que dar el primer paso no es un signo de debilidad.

Paula HernándezPaula Hernández García

Psicóloga Sanitaria

Fundación María Jesús Álava Reyes: 

91 083 77 81

phernandez@fundacionalavareyes.com

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