Trauma. Cuando el tiempo no cura. Por David Lanzas

Son las 7:30 de la mañana y Pablo sigue buscando sus gafas por todo el apartamento. Mientras, la ciudad hace gala de su vitalidad anunciando con un rugido de motores y sirenas que un nuevo día ha comenzado.

Con las gafas aún desaparecidas y el estómago vacío, Pablo sale a toda prisa de su casa, baja a trompicones las escaleras y al llegar al portal se para en seco. Su mano quiere tirar del pomo, sus piernas saltar a la calle, su cerebro por el contrario no está tan entusiasmado con la idea de salir ahí fuera; “¡cuidado, el mundo no es un lugar seguro!”, “si sales puedes perder la vida, tu vida Pablo… ¡tu vida!” le susurran sus pensamientos. Una tímida lágrima resbala por su mejilla y allí, en el portal de su casa, se desata nuevamente el horror. Las explosiones resuenan en su cabeza y siente el peso de los escombros sobre su pecho. Cerrando los ojos es capaz de verlo todo nítidamente, como si volviera a ocurrir otra vez, como si tuviera que luchar por su vida una vez más.

Trauma. Cuando el tiempo no cura

Al cabo de unos segundos Pablo abre los ojos y mira la calle a través del cristal de la puerta, todo está en calma, la vida sigue su curso. Con los ojos todavía húmedos gira el pomo, da un paso y; venciendo el miedo, cruza el umbral.

Por muy crudo que parezca, este fragmento es solo un ejemplo del dolor al que se enfrentan muchas personas que han sufrido un accidente, catástrofe o ataque terrorista en el que ha podido peligrar su supervivencia. Los humanos somos máquinas casi perfectas y nuestro cerebro está diseñado de tal modo que, cuando nos hemos visto enfrentados a una situación muy peligrosa, tendamos a evitar cualquier estímulo relacionado con dicho peligro. Esto, que en un primer momento es adaptativo, se vuelve en nuestra contra si se mantiene en el tiempo, enjaulándonos dentro del miedo, arrebatándonos la libertad, e instaurándonos dentro de lo que en psicología se conoce como Trauma.

Existen una serie de señales que nos avisan de que nos hemos atascado en un momento doloroso, el cual nos impide avanzar.

Aquí os dejo algunas de las más comunes:

  1. Tienes recuerdos recurrentes del acontecimiento e intrusivos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones de dicho momento.
  2. Sueñas muy frecuentemente con el acontecimiento y esto te produce malestar.
  3. Tienes la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo ahora mismo, pudiendo tener flasback o alucinaciones.
  4. Sientes un malestar psicológico intenso al exponerte a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
  5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
  6. Haces esfuerzo por evitar pensamientos, sentimientos, lugares, personas o conversaciones que tengan que ver con el suceso traumático.
  7. Ves el futuro como algo desolador.
  8. Tienes dificultades para conciliar o mantener el sueño.
  9. Estás siempre hipervigilante a cualquier peligro que pueda venir.
  10. Llevas sintiéndote así durante más de un mes.

Si has sufrido un acontecimiento desagradable y reconoces algunos de estos puntos en ti, quizá sea hora de pedir ayuda para que tú, como Pablo, también puedas cruzar el umbral.

David LanzasDavid Lanzas Fernández-Martos

Psicólogo Sanitario

LinkedIn

dlanzas@fundacionalavareyes.com

Fundación María Jesús Álava Reyes: 91 083 77 81

 

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